domingo, 27 de agosto de 2017

¿Qué está esperando?

En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende.
Job 33:14
Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.
Hebreos 4:7
En 1910, una joven estaba cuidando un rebaño de vacas en la montaña. Sentada sobre una gran piedra y apoyada contra un árbol, contemplaba la belleza de la naturaleza. De repente sintió como una presencia a su lado. Se dio vuelta y no vio a nadie, pero escuchó una voz interior murmurarle: «¿Qué está esperando?». Desde hacía mucho tiempo esta joven sabía que necesitaba tener una verdadera relación con Dios, pero siempre posponía el momento de ir a él. Ese día respondió: «¡Voy tal como soy!». Entonces recibió la convicción del total perdón de sus pecados debido a lo que Jesucristo había hecho por ella.
Dios habla a los hombres con amor a través de circunstancias muy diversas. Quiere que todos confíen en su gracia, que se arrepientan y reciban la vida eterna aceptando a Jesús como su Salvador.
A los que quieren dejar para más tarde esta decisión de vivir con Cristo, les decimos: ¿Qué está esperando? Esta hoja que está leyendo es todavía un llamado de Dios para que vaya a él ahora mismo.
“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
“Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación” (Salmo 25:5).
“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3).
2 Crónicas 12 - 1 Corintios 5 - Salmo 101:1-4 - Proverbios 22:7

sábado, 15 de abril de 2017

La crucifixión de Jesucristo

Jesús... anduvo haciendo bienes y sanando...
Hechos 10:38
(Pilato) les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ningún delito digno de muerte he hallado en él... Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado... Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían.
Lucas 23:22-24
La crucifixión de Jesucristo (1)
La crucifixión, «ese castigo de los más crueles y viles», según las palabras de Cicerón (autor latino del 1er siglo), era infligido por los romanos a los esclavos fugitivos y a los extranjeros criminales y rebeldes. Miles de condenados lo sufrieron, hasta que el emperador Constantino lo prohibió en el año 320.
Los evangelios relatan que Jesucristo fue condenado a esta muerte horrible. Pero, ¿qué crimen había cometido? Había manifestado compasión por los pobres, los abandonados, había alimentado a las multitudes, sanado a los enfermos, resucitado a muertos... Las multitudes se daban prisa para escuchar sus palabras de sabiduría y gracia. Pero Jesús también desenmascaraba las hipocresías y denunciaba el mal. Entonces, ¿por qué fue condenado? Las autoridades religiosas, celosas de su influencia, lo detuvieron y, después de un simulacro de juicio, lo acusaron de blasfemia porque había declarado que era el Hijo de Dios. Lo entregaron a la autoridad romana para que lo matasen. Pilato, aunque en tres ocasiones reconoció la inocencia de Jesús, cedió a su presión y lo condenó al suplicio de la cruz.
Pero, ¿fue esta la única razón de la muerte del Cristo? ¿Podemos considerarla solo como el resultado de un proceso inicuo, de un error jurídico voluntario? La Biblia nos señala otro aspecto sorprendente: “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas?” (Lucas 24:26).
(mañana continuará)
Ezequiel 37 - 1 Pedro 1:1-12 - Salmo 44:1-8 - Proverbios 13:16-17